domingo, 7 de diciembre de 2014

Dos fiestas Marianas

Abrimos esta segunda semana de adviento con la celebración de dos fiestas marianas que tanto nos alegran y entusiasma en nuestra fervor popular.

Por un lado, la Inmaculada Concepción de María como dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en la bula Ineffabilis Deus: “…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…”

La concepción es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres, es el momento en el que inicia la vida humana. Este dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana.

Por otro lado, celebraremos a la Morenita del Tepeyac para pedir por la paz de nuestro México que se ve tan convulsionado, harto y cansado de tantas injusticias por la inseguridad, por el flagelo de la violencia, la incertidumbre e incomodidad económica familiar, y un largo etc.

No hay mexicano que no se sienta guadalupano y por ello ese día lo celebra de cualquier modo hasta cayendo en excesos que rayan y desdicen de un católico mariano y guadalupano. Aún así, nuevamente volverán a resonar aquellas palabras que le dijo al indio Juan Diego, hoy santo y canonizado por san Juan Pablo II el 31 de julio del 2002: “No se turbe tu corazón… ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”

La Conferencia del Episcopado Mexicano nos exhorta a todos los mexicanos a que en este día 12 de diciembre “unidos al Papa Francisco, pidamos la intercesión de la Madre de Dios por la conversión de todos los mexicanos, particularmente la de quienes provocan sufrimiento y muerte, y para que todos pongamos lo mejor de nosotros mismos en hacer posible la paz.”

Oración por la paz.
Señor Jesús, tú eres nuestra paz, mira nuestra Patria dañada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad. Consuela el dolor de quienes sufren. Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan. Toca el corazón de quienes olvida que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte. Dales el don de la conversión. Protege a las familias, a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, a nuestros pueblos y comunidades. Que como discípulos misioneros tuyos, ciudadanos responsables, sepamos ser promotores de justicia y de paz, para que en ti, nuestro pueblo tenga vida digna. Amén.

Así pues, comprometámonos a ser constructores de paz, sumándonos a los esfuerzos para atender a las víctimas de la violencia. Paz que se funda en la verdad, la justicia y la libertad, como enseñaba San Juan XXIII. ¡Hablemos claro!




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