domingo, 13 de julio de 2014

¡Aprovecha el momento, vive tu día!

Cada día experimentamos el final de un día que inició con gran ilusión. Cerramos etapas en nuestra vida y quisiéramos cuando todo marcha bien detener el tiempo. Hoy termina el mundial de fútbol. Un mes lleno de muchas sorpresas, de alegrías, tristezas y desilusiones, se gana y se pierde, etc. El tiempo no para y esta etapa acaba. Así lo ha vivido el mundo entero y así lo sentimos todos cada día. No digamos cuando perdemos a un ser querido en nuestra familia, su ausencia y el hueco que deja en nuestro hogar marca el final de una etapa y siempre nos hace pensar, sin lugar a dudas, que también el tiempo nos interpela y nos llama la atención para prepararnos mejor.

Los colegios han cerrado un ciclo académico más, se encuentran en clausuras y graduaciones. Un año queda atrás cuajado de momentos que cada uno ha vivido de lo más variopinto. Hay que reconocer que se llora y se sufre, se ríe y se goza. Los acontecimientos se suceden a veces sin esperarlos ni desearlos, pero sí, hay un Dios tan Providente que nos sorprende a cada paso.

Para muchos la primera quincena de vacaciones ha concluido y ahora  emprenden su labores y actividades ordinarias. Quisieran alargar más el descanso que siempre es poco y pasa muy rápido. Un tiempo más que no podemos atrapar.

 Alguien dijo: “No existe falta de tiempo, existe falta de interés. Porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día. Martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad”. Indudablemente no podemos vivir aferrados al pasado, los minutos y las horas pasan irremediablemente, y sin quererlo ni desearlo camina el tiempo lleno de frenesí e inquietantes novedades. Una etapa más, el pasado no volverá, ha terminado y de esta manera cerramos la puerta con la certeza de que no volveremos a abrir este pasado, quizá sólo recordaremos este tiempo como un período que ha marcado la vida propia como agradable o desagradable, más no podemos revivir cada instante de la vida.

Se trata de pasar página nueva, de vivir el presente y empezar un nuevo capítulo. Sabiendo que cada uno tiene una forma de ver la vida, de convivir con las dificultades y con las conquistas que se traza como meta. Nuevos desafíos se presentan ante nuestro ojos para poder tener la osadía y valentía de afrontarlos. Aquí es donde se pone a prueba nuestro coraje y por supuesto nuestra voluntad de cambio. Cada día que iniciamos es muy diferente, ninguno es igual, por eso cuando abrimos los ojos cada mañana debe llenarnos de ilusión, porque el final de una etapa es sólo el comienzo de otra.

El continuo examen de conciencia sobre nosotros mismos nos hará aprovechar esta nueva jornada para sacarle el mejor jugo posible. No existe mayor desgracia que perder nuestro tiempo en vagas contemplaciones y viviendo la vida sin ilusión y entrega. Pasarnos la vida sin hacerla rendir a tope. Quizá no seremos grandes personajes famosos, ni nuestros nombres aparecerán en los libros de historia. En cambio, podemos aprovechar al máximo el tiempo que Dios nos concede y construir algo por los demás.

Definitivamente el tiempo es un don que Dios nos concede y que nos invita a saberlo aprovechar. Ya lo decía Virgilio en su inmortal obra la Eneida: “Tempus irreparabile fugit”, el tiempo se escapa sin remedio. Por ello como se trata de un valor no material, no lo percibimos con tanta facilidad y claridad, más bien debemos hacer una parada y reflexionar para darnos cuenta de él.


No olvidemos que cada uno hemos recibido de Dios unos talentos que debemos trabajar para mostrarle a Él, al final de nuestra vida los frutos de trabajo.  Es de esta manera como podemos hacer rendir lo que hemos recibido y poder ser premiados si hemos sabido aprovechar con verdadero interés el día que vivimos y el tiempo que se nos ofrece. ¡Hablemos claro!

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