Como un mensajero de la paz, se dirigió el Papa
Francisco a la Tierra bendita, esta tierra que ha visto la presencia histórica
y donde se han producido los acontecimientos más importantes para el Judaísmo,
el Cristianismo y el Islam.
El
objetivo principal de esta peregrinación fue conmemorar el 50 aniversario del
maravilloso e histórico encuentro entre el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras. Fue aquel 5 de
enero de 1964 cuando el Papa Montini dijo:” La Providencia nos eligió para que
nos entendiésemos”. Esta frase, estuvo presente en este viaje histórico del
Papa Francisco que fue como peregrino a visitar los lugares que han visto la presencia
terrena de Jesucristo.
Su paso por Amán, Betania, Belén, Tel Aviv,
Jerusalén, es mucho más que un viaje: es un camino. El Papa Francisco puso en
marcha la extraordinaria oración global por la paz en Medio Oriente el año
pasado, cuando nos invitó a rezar en nuestros lugares por causas que nos duelen
hace tantas décadas. Un camino que deja huella, gestos, testimonios, palabras y
especialmente el compromiso mundial de trabajar en la construcción de la paz.
Vimos al Papa Francisco apoyando su mano en el “Muro
de la vergüenza”, donde rezó en silencio frente a ese muro que separa
Cisjordania de Israel. Quiso detenerse para equilibrar y demostrar ser un
hombre libre, un hombre de paz, atento y partícipe del sufrimiento de todas las
víctimas del terrorismo. Más tarde, sería la misma mano que apoyó en el Muro de
los Lamentos, en la Ciudad Santa de Jerusalén permaneciendo en silencio y
elevando su oración. Es curioso que no habló de muros, simplemente los tocó y
con este gesto nos abrazó a todos con este gesto tan significativo e implorando
la paz: “ La paz no se puede comprar, no se vende. La paz es un don que hemos
de buscar con paciencia y construir artesanalmente mediante pequeños y grandes
gestos en nuestra vida cotidiana. El camino de la paz se consolida si
reconocemos que todos tenemos la misma sangre y formamos parte del género
humano; si no olvidamos que tenemos un único Padre en el cielo y que somos
todos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza”. (Misa en el estadio
internacional de Amán)
Un gesto muy significativo fue cuando aquellas
manos del Vicario de Cristo se estrecharon en un fuerte abrazo de tres líderes
religiosos –un judío, un musulmán y un cristiano- que marcó el momento cumbre
en Tierra Santa. Fue la emoción del rabino Abrahám Skorka y del líder musulmán
argentino que se fundieron con el Santo Padre con un comentario: “Lo
logramos!”.
Manos que desean construir la unidad, cuando el
Papa Francisco besó la mano del Patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé
I, y juntos de la mano caminaron hacia el Santo Sepulcro y apoyándose
mutuamente se arrodillaron juntos en el lugar más sagrado para los cristianos
de cualquier confesión. Y con enorme respeto y firmeza nos dijo: “Dejemos a un
lado los recelos que hemos heredado del pasado y abramos nuestro corazón a la
acción del Espíritu Santo, el Espíritu del Amor, para caminar juntos hacia el
día bendito en que encontremos nuestra plena comunión”. (Basílica del Santo
Sepulcro)
“Construir la paz es difícil, pero vivir sin paz
es un tormento”. (Basílica de la Natividad) Ahí el Papa Francisco invitó al presidente Palestino Mahmoud
Abbas y a Shimon Peres presidente de Israel, para orar por la paz e implorar a
Dios por la paz. El encuentro de oración será el próximo 8 de junio en el Vaticano.
Recemos juntos a la Virgen, Reina de la Paz. La
Reina de la unidad de todos los cristianos que nos conceda la paz en todo el
mundo y que Ella nos acompañe en esta gracia de unidad. Hablemos claro!
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