Un
nuevo año se ha abierto ante nuestros ojos, muchos deseos, anhelos e
inquietudes resuenan por todos lados como fruto de una verdadera amistad de
años. Familias, amigos, paisanos y coetáneos expresan sus sentimientos en estos
días. Tan real como hoy seguimos la estrella de Jesús, hecho Niño en Belén. Es
Él quien da sentido a nuestras vidas de
cada día, un nuevo año con muchas sorpresas, inquietudes y zozobras nos espera.
Pero aquellos Magos de oriente buscaban a Dios en el sagrario de su conciencia,
y allí se encontraron con la Verdad que cambió el rumbo de sus vidas (Mt. 2,
12b)
Ofrecieron
sus dones, el oro propio de los reyes, Jesús, Rey de Reyes y Señor de Señores.
Rey de la vida y del corazón, de la historia y del universo, del tiempo
presente y del tiempo final. El que es, el que era y el que va a venir. El
incienso propio de la divinidad que ofrece su aroma y eleva nuestra oración. La
mirra, propia de la condición mortal. Con ella se unge los cuerpos para la
sepultura, y era un signo de la pasión redentora que nos salvaría por Jesús.
Que
este año que iniciamos nuestra
amistad continúe eterna y tenga siempre un lugar especial en nuestro corazón. Que las lágrimas sean pocas, y compartidas. Que las
alegrías estén siempre presentes y sean festejadas y recordadas por quienes
están a tu alrededor. Que Dios esté siempre con su mano
extendida y te sostenga señalándote el camino correcto. Que los sentimientos como la envidia o el desamor,
sean eliminados de nuestra vida. Que
la verdad siempre esté por encima de todo. Que el perdón y la comprensión,
superen las amarguras y las dificultades. Que
todo los sueños se transformen en realidad, pero sobre todo que el amor al
prójimo sea nuestra meta absoluta. Que
el cariño por nuestros seres queridos deje una huella imborrable en tu vida y
en tu corazón.
Qué
fácil es quejarnos de lo que nos incomoda o molesta. Y lo que es peor se
trasforma en una epidemia que opaca nuestro entusiasmo y entorpece nuestro caminar. Sigamos la
estrella y tengamos la convicción profunda que ella guiará nuestros pasos en la
medida en que confiamos y nos apoyamos en lo que nos ofrece la iglesia, la
familia y nuestro comunidad parroquial.
Que
sea un año hermoso para aportar el oro de la propia vida al servicio de los
demás. El incienso de nuestra vida de gracia corroborada por una intensa vida
de sacramentos sin desfallecer en la oración diaria. Y la mirra para sentirnos
ciudadanos del cielo sin apegarnos al mundo, al demonio o a la carne de
nuestras pasiones.
Que
nuestra próxima jornada esté llena de caminos por recorrer y de metas por
alcanzar, para atesorar los recuerdos gratos que la vida nos regala. ¡Hablemos
claro!
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