domingo, 5 de enero de 2014

¡Sigamos la estrella de Belén!

Un nuevo año se ha abierto ante nuestros ojos, muchos deseos, anhelos e inquietudes resuenan por todos lados como fruto de una verdadera amistad de años. Familias, amigos, paisanos y coetáneos expresan sus sentimientos en estos días. Tan real como hoy seguimos la estrella de Jesús, hecho Niño en Belén. Es Él quien da sentido a  nuestras vidas de cada día, un nuevo año con muchas sorpresas, inquietudes y zozobras nos espera. Pero aquellos Magos de oriente buscaban a Dios en el sagrario de su conciencia, y allí se encontraron con la Verdad que cambió el rumbo de sus vidas (Mt. 2, 12b)
Ofrecieron sus dones, el oro propio de los reyes, Jesús, Rey de Reyes y Señor de Señores. Rey de la vida y del corazón, de la historia y del universo, del tiempo presente y del tiempo final. El que es, el que era y el que va a venir. El incienso propio de la divinidad que ofrece su aroma y eleva nuestra oración. La mirra, propia de la condición mortal. Con ella se unge los cuerpos para la sepultura, y era un signo de la pasión redentora que nos salvaría por Jesús.
Que este año que iniciamos nuestra amistad continúe eterna y tenga siempre un lugar especial en nuestro corazón. Que las lágrimas sean pocas, y compartidas. Que las alegrías estén siempre presentes y sean festejadas y recordadas por quienes están a tu alrededor. Que Dios esté siempre con su mano extendida y te sostenga señalándote el camino correcto. Que los sentimientos como la envidia o el desamor, sean eliminados de nuestra vida. Que la verdad siempre esté por encima de todo. Que el perdón y la comprensión, superen las amarguras y las dificultades. Que todo los sueños se transformen en realidad, pero sobre todo que el amor al prójimo sea nuestra meta absoluta. Que el cariño por nuestros seres queridos deje una huella imborrable en tu vida y en tu corazón.

Qué fácil es quejarnos de lo que nos incomoda o molesta. Y lo que es peor se trasforma en una epidemia que opaca nuestro entusiasmo  y entorpece nuestro caminar. Sigamos la estrella y tengamos la convicción profunda que ella guiará nuestros pasos en la medida en que confiamos y nos apoyamos en lo que nos ofrece la iglesia, la familia y nuestro comunidad parroquial.
Que sea un año hermoso para aportar el oro de la propia vida al servicio de los demás. El incienso de nuestra vida de gracia corroborada por una intensa vida de sacramentos sin desfallecer en la oración diaria. Y la mirra para sentirnos ciudadanos del cielo sin apegarnos al mundo, al demonio o a la carne de nuestras pasiones.

Que nuestra próxima jornada esté llena de caminos por recorrer y de metas por alcanzar, para atesorar los recuerdos gratos que la vida nos regala. ¡Hablemos claro!

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