En estos días, concretamente el pasado miércoles
8, el Papa Francisco comenzó una serie de catequesis sobre los sacramentos, y
la primera estuvo dedicada al Bautismo. Hoy precisamente celebramos la fiesta
del Bautismo del Señor y cerramos este hermoso tiempo litúrgico de la navidad
para iniciar el tiempo ordinario.
El Bautismo es el sacramento sobre el que se sustenta
nuestra propia fe y nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia.
Junto a los sacramentos de la Eucaristía y de la Confirmación forma la llamada
“Iniciación Cristiana”.
Muchos de nosotros no tenemos el más mínimo
recuerdo de la celebración de ese sacramento, y es obvio, porque muchos fuimos
bautizados poco después de nuestro nacimiento. Como experiencia personal, cada
vez que me corresponde presidir los bautismos en mi parroquia, invito a los
presentes a revivir ese maravilloso momento, es un pedazo de cielo que Dios nos
concede. Los diversos signos y gestos del rito tienen su razón de ser y marcan
el comienzo de nuestro caminar en la Iglesia, recibimos las virtudes teologales
que a lo largo de nuestro peregrinar debemos alimentar cada día con la oración,
el contacto activo, profundo y sincero de la Palabra de Dios y la coherencia de
nuestra vida diaria.
A menudo he escuchado: “Qué poca fe tengo. Estoy
perdiendo la fe. Mi fe es muy débil, etc…” Quiere decir que la fe no es una
prioridad en nuestra vida y por consiguiente no nos exigimos el buscar a Dios y
pedirle a diario que nos la aumente para hacerla efectiva en los
acontecimientos de nuestra vida. Este regalo de Dios debemos cuidarlo y
cultivarlo como la perla y el tesoro más preciado que Él nos ha bridado con el
don de la vida.
El Santo Padre decía: “Debemos
despertar la memoria de nuestro Bautismo. Estamos llamados a vivir nuestro
Bautismo todos los días, como una realidad actual en nuestra existencia. Si
conseguimos seguir a Jesús y a permanecer en la Iglesia, a pesar de nuestras
limitaciones, nuestras fragilidades y nuestros pecados es precisamente por el
Sacramento en el que nos hemos convertido en nuevas criaturas y hemos sido
revestidos de Cristo. Es en virtud del Bautismo, en efecto, que, liberados del
pecado original, estamos injertados en la relación de Jesús con Dios Padre; que
somos portadores de una esperanza nueva, porque el Bautismo nos da esta
esperanza nueva. La esperanza de ir por el camino de la salvación, toda la
vida. Y a esta esperanza nada y nadie la puede apagar, porque la esperanza no
defrauda”.
Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y
de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los
últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. El
Bautismo, nos ayuda a reconocer en el rostro de las personas necesitadas, en
los que sufren, en el prójimo, el rostro de Jesús. Esto es gracias a la fuerza
del Bautismo.
Así pues, es importante conocer la fecha de
nuestro bautismo, quien no la conoce corre el riesgo de perder la conciencia de
lo que el Señor ha hecho con el don que hemos recibido y quedará como un evento
del pasado. Se los pongo fácil, así como sabemos la fecha de nuestro
nacimiento, también sepamos la fecha de nuestro bautismo, que es un día de
fiesta. ¡Hablemos claro!
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