domingo, 12 de enero de 2014

¡Qué maravilla es nuestro Bautismo!

En estos días, concretamente el pasado miércoles 8, el Papa Francisco comenzó una serie de catequesis sobre los sacramentos, y la primera estuvo dedicada al Bautismo. Hoy precisamente celebramos la fiesta del Bautismo del Señor y cerramos este hermoso tiempo litúrgico de la navidad para iniciar el tiempo ordinario.

El Bautismo es el sacramento sobre el que se sustenta nuestra propia fe y nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia. Junto a los sacramentos de la Eucaristía y de la Confirmación forma la llamada “Iniciación Cristiana”.

Muchos de nosotros no tenemos el más mínimo recuerdo de la celebración de ese sacramento, y es obvio, porque muchos fuimos bautizados poco después de nuestro nacimiento. Como experiencia personal, cada vez que me corresponde presidir los bautismos en mi parroquia, invito a los presentes a revivir ese maravilloso momento, es un pedazo de cielo que Dios nos concede. Los diversos signos y gestos del rito tienen su razón de ser y marcan el comienzo de nuestro caminar en la Iglesia, recibimos las virtudes teologales que a lo largo de nuestro peregrinar debemos alimentar cada día con la oración, el contacto activo, profundo y sincero de la Palabra de Dios y la coherencia de nuestra vida diaria.

A menudo he escuchado: “Qué poca fe tengo. Estoy perdiendo la fe. Mi fe es muy débil, etc…” Quiere decir que la fe no es una prioridad en nuestra vida y por consiguiente no nos exigimos el buscar a Dios y pedirle a diario que nos la aumente para hacerla efectiva en los acontecimientos de nuestra vida. Este regalo de Dios debemos cuidarlo y cultivarlo como la perla y el tesoro más preciado que Él nos ha bridado con el don de la vida.

El Santo Padre decía: “Debemos despertar la memoria de nuestro Bautismo. Estamos llamados a vivir nuestro Bautismo todos los días, como una realidad actual en nuestra existencia. Si conseguimos seguir a Jesús y a permanecer en la Iglesia, a pesar de nuestras limitaciones, nuestras fragilidades y nuestros pecados es precisamente por el Sacramento en el que nos hemos convertido en nuevas criaturas y hemos sido revestidos de Cristo. Es en virtud del Bautismo, en efecto, que, liberados del pecado original, estamos injertados en la relación de Jesús con Dios Padre; que somos portadores de una esperanza nueva, porque el Bautismo nos da esta esperanza nueva. La esperanza de ir por el camino de la salvación, toda la vida. Y a esta esperanza nada y nadie la puede apagar, porque la esperanza no defrauda”.

Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. El Bautismo, nos ayuda a reconocer en el rostro de las personas necesitadas, en los que sufren, en el prójimo, el rostro de Jesús. Esto es gracias a la fuerza del Bautismo.


Así pues, es importante conocer la fecha de nuestro bautismo, quien no la conoce corre el riesgo de perder la conciencia de lo que el Señor ha hecho con el don que hemos recibido y quedará como un evento del pasado. Se los pongo fácil, así como sabemos la fecha de nuestro nacimiento, también sepamos la fecha de nuestro bautismo, que es un día de fiesta. ¡Hablemos claro!

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