domingo, 20 de octubre de 2013

DOMUND


Hoy es el DOmingo MUNDial de las Misiones en el que toda la Iglesia universal reza por la actividad evangelizadora de los misioneros y misioneras, y colabora económicamente con ellos en su labor, especialmente entre los más pobres y necesitados.
Pensemos que el 37% de la Iglesia católica lo constituyen territorios de misión, un total de 1.100 circunscripciones eclesiásticas que dependen de la ayuda personal de misioneros y misioneras y de la colaboración económica de otras Iglesias para realizar su labor. Con los donativos se subvenciona el sostenimiento de los misioneros y sus colaboradores. También se atienden otras necesidades especiales: construcción de iglesias y capillas, formación cristiana, desarrollos de proyectos sociales, educativos y sanitarios, etc.
Sin lugar a dudas, la Asamblea Plenaria de los Directores Nacionales de las Obras Misionales Pontificias, que se celebra cada año en Roma, distribuye equitativamente entre las solicitudes presentadas por los misioneros la totalidad de las aportaciones llegadas de todo el mundo. Por eso nuestra aportación no es indiferente en este día.
El lema en este año es "Fe + Caridad = Misión" es presentado con trazos claros y firmes, a modo de axioma. El recurso de la pizarra evoca que estamos ante una afirmación que implica adhesión e interiorización. El Papa Francisco nos decía: “No os canséis de educar a cada cristiano, desde la infancia, en un espíritu verdaderamente universal y misionero, y de sensibilizar a toda la comunidad para que sostenga y ayude a las misiones según las necesidades de cada una”.

Haciéndome eco del mensaje con ocasión de la jornada mundial de las misiones para este año, el Papa nos decía: “La misionariedad no es sólo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas e individuos independientes, precisamente porque los “confines” de la fe no sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y cada mujer”.

Nos toca a cada uno convertirnos en verdaderos misioneros en nuestros hogares,  en el trabajo, en nuestra escuela y universidad, en la colonia, en nuestra comunidad o barrio. Nadie puede sentirse ajeno, cualquier bautizado tenemos el compromiso de comunicar, de dar testimonio y compartir nuestra fe en Cristo,  convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio. ¡Hablemos claro!


 

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