Hoy es el DOmingo MUNDial de
las Misiones en el que toda la Iglesia universal reza por la actividad
evangelizadora de los misioneros y misioneras, y colabora económicamente con
ellos en su labor, especialmente entre los más pobres y necesitados.
Pensemos que el 37% de la
Iglesia católica lo constituyen territorios de misión, un total de 1.100
circunscripciones eclesiásticas que dependen de la ayuda personal de misioneros
y misioneras y de la colaboración económica de otras Iglesias para realizar su
labor. Con los donativos se subvenciona el sostenimiento de los misioneros y
sus colaboradores. También se atienden otras necesidades especiales:
construcción de iglesias y capillas, formación cristiana, desarrollos de
proyectos sociales, educativos y sanitarios, etc.
Sin lugar a dudas, la
Asamblea Plenaria de los Directores Nacionales de las Obras Misionales
Pontificias, que se celebra cada año en Roma, distribuye equitativamente entre
las solicitudes presentadas por los misioneros la totalidad de las aportaciones
llegadas de todo el mundo. Por eso nuestra aportación no es indiferente en este
día.
El lema en este año es "Fe + Caridad = Misión" es
presentado con trazos claros y firmes, a modo de axioma. El recurso de la
pizarra evoca que estamos ante una afirmación que implica adhesión e
interiorización. El Papa Francisco nos decía: “No os canséis de educar a cada cristiano, desde la infancia, en un
espíritu verdaderamente universal y misionero, y de sensibilizar a toda la
comunidad para que sostenga y ayude a las misiones según las necesidades de
cada una”.
Haciéndome eco del mensaje con ocasión de la jornada mundial de
las misiones para este año, el Papa nos decía: “La misionariedad no es sólo una cuestión de territorios geográficos,
sino de pueblos, de culturas e individuos independientes, precisamente porque
los “confines” de la fe no sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino
el corazón de cada hombre y cada mujer”.
Nos toca a cada uno convertirnos en verdaderos misioneros en
nuestros hogares, en el trabajo,
en nuestra escuela y universidad, en la colonia, en nuestra comunidad o barrio.
Nadie puede sentirse ajeno, cualquier bautizado tenemos el compromiso de
comunicar, de dar testimonio y compartir nuestra fe en Cristo, convirtiéndonos en anunciadores de su
Evangelio. ¡Hablemos claro!
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