El pasado miércoles
4 de septiembre en la audiencia general,
el Papa Francisco repetía a todos los fieles: “Que se eleve fuerte a
toda la tierra el grito de la paz”. Ayer sábado, con toda la Iglesia universal,
el Papa celebró la vigilia especial de ayuno y oración en la plaza de San Pedro
para pedir por la paz en Siria, en Oriente Medio y en todo el mundo.
De esta manera
mi pensamiento, mi mirada y mi corazón se dirige especialmente por todos los
niños de Siria, que sufren los estragos de una guerra infame, terrible y
dolorosa. Reflexionando qué pasa en el corazón de estos infantes, me hago eco
ahora de sus inquietudes, tratando de expresar lo que sienten:
“Miren lo que nos está pasando, estamos
sufriendo masacres, matanzas, desahucios, y el miedo nos domina… Somos los niños
de Siria. Los sueños de nuestra infancia permanecen en nuestro interior y todavía
no han crecido. Injusto, dinos: ¿Qué hemos hecho para que nos asesinen? Pueden
matarnos, pueden hacernos sufrir, pueden dejarnos huérfanos y pueden asesinarnos,
pero NO podrán cambiar lo que hay en nuestros corazones. Protegednos de los
bombardeos, proteged nuestra INFANCIA. Han derrumbado nuestra casa y han
quemado nuestro colegio. Mundo, ¿Qué está pasando? ¡VUESTRO SILENCIO NOS ESTÁ
MATANDO! Dadnos la infancia. Dadnos la seguridad. Tenemos derecho a vivir con
seguridad, libertad y dignidad. Tengo derecho a vivir como un ser humano y
dibujar mis sueños. En Al Hula han asesinado a los niños y la sangre se está
derramando a chorros. Mundo, ¿Dónde estás? Gente, tendednos vuestras manos.
¿Por qué no nos hacéis caso? ¿Os satisface ver cómo el ejército asesina a los
niños pequeños? Mundo, basta ya de tanto SILENCIO. Nos estamos muriendo. ¡Que
Dios nos dé paciencia! Somos los niños de Siria”.
Aquellos a los
que dijo la gente: Los hombres se han reunido contra vosotros, temedles. Pero
esto no hizo sino darles más fe y dijeron ¡Dios es suficiente para nosotros,
qué excelente guardián!
Constatamos que
demasiados intereses partidistas, políticos, económicos y sociales han
prevalecido desde que inició el conflicto sirio, impidiendo encontrar una
solución que evitase la inútil y triste masacre a la que estamos asistiendo.
No nos quedemos
inmóviles frente a los dramas y tragedias que viven ya desde hace demasiado
tiempo la población Siria, en especial los niños y que pueden llevar nuevos
sufrimientos a una región tan probada y necesitad de paz.
En este día de
la Natividad de la Santísima Virgen María, Reina de la paz, levanto mi voz por
estos y tantos inocentes que lacerados en su corazón piden a gritos que cese la
guerra, el odio y el rencor en todas las situaciones de conflicto y de
violencia en el mundo entero para dar paso a la PAZ. ¡¡¡Hablemos claro!!!
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