domingo, 8 de septiembre de 2013

¡Qué dolor los niños de la guerra!


El pasado miércoles 4 de septiembre en la audiencia general,  el Papa Francisco repetía a todos los fieles: “Que se eleve fuerte a toda la tierra el grito de la paz”. Ayer sábado, con toda la Iglesia universal, el Papa celebró la vigilia especial de ayuno y oración en la plaza de San Pedro para pedir por la paz en Siria, en Oriente Medio y en todo el mundo.
De esta manera mi pensamiento, mi mirada y mi corazón se dirige especialmente por todos los niños de Siria, que sufren los estragos de una guerra infame, terrible y dolorosa. Reflexionando qué pasa en el corazón de estos infantes, me hago eco ahora de sus inquietudes, tratando de expresar lo que sienten:
Miren lo que nos está pasando, estamos sufriendo masacres, matanzas, desahucios, y el miedo nos domina… Somos los niños de Siria. Los sueños de nuestra infancia permanecen en nuestro interior y todavía no han crecido. Injusto, dinos: ¿Qué hemos hecho para que nos asesinen? Pueden matarnos, pueden hacernos sufrir, pueden dejarnos huérfanos y pueden asesinarnos, pero NO podrán cambiar lo que hay en nuestros corazones. Protegednos de los bombardeos, proteged nuestra INFANCIA. Han derrumbado nuestra casa y han quemado nuestro colegio. Mundo, ¿Qué está pasando? ¡VUESTRO SILENCIO NOS ESTÁ MATANDO! Dadnos la infancia. Dadnos la seguridad. Tenemos derecho a vivir con seguridad, libertad y dignidad. Tengo derecho a vivir como un ser humano y dibujar mis sueños. En Al Hula han asesinado a los niños y la sangre se está derramando a chorros. Mundo, ¿Dónde estás? Gente, tendednos vuestras manos. ¿Por qué no nos hacéis caso? ¿Os satisface ver cómo el ejército asesina a los niños pequeños? Mundo, basta ya de tanto SILENCIO. Nos estamos muriendo. ¡Que Dios nos dé paciencia! Somos los niños de Siria”.
Aquellos a los que dijo la gente: Los hombres se han reunido contra vosotros, temedles. Pero esto no hizo sino darles más fe y dijeron ¡Dios es suficiente para nosotros, qué excelente guardián!
Constatamos que demasiados intereses partidistas, políticos, económicos y sociales han prevalecido desde que inició el conflicto sirio, impidiendo encontrar una solución que evitase la inútil y triste masacre a la que estamos asistiendo.
No nos quedemos inmóviles frente a los dramas y tragedias que viven ya desde hace demasiado tiempo la población Siria, en especial los niños y que pueden llevar nuevos sufrimientos a una región tan probada y necesitad de paz.
En este día de la Natividad de la Santísima Virgen María, Reina de la paz, levanto mi voz por estos y tantos inocentes que lacerados en su corazón piden a gritos que cese la guerra, el odio y el rencor en todas las situaciones de conflicto y de violencia en el mundo entero para dar paso a la PAZ. ¡¡¡Hablemos claro!!!

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