Desde
el año 1958 no entraban a nuestra tierra de México, dos tormentas con tan poco
tiempo de llegada. El sábado por la tarde inició la tormenta tropical Manuel,
convertida después en huracán y dos días más tarde, el huracán Ingrid. Ambos
dejaron a su paso la terrible catástrofe de estragos en muchos estados de la
república, donde el flagelo del agua buscó su salida y reclamó su lugar de
origen y cauce.
Son
incontables las cuantiosas y millonarias pérdidas en materiales, carreteras,
casas, edificios, vehículos, almacenes, negocios y un largo etc, pero lo más
lacerante, el hogar familiar, familias enteras y turistas que no sólo han
perdido su patrimonio y útiles personales de poca o mucha importancia sino también
a algún ser querido, o lo tienen desaparecido en este inimaginable flagelo o
deslave. Y esto, no se recupera.
México
esta viviendo y pasando una página de su historia en el mes de la patria de los
más desolados e impotentes, es el inicio de toda una tragedia en nuestro país.
Después vendrán las consecuencias que ininterrumpidamente aparecerán y harán
más angustiosa la espera de tantas familias por reiniciar y rehacer su vida
normal.
¡México,
creo en ti! Este evento climático no ha paralizado la valiosa generosidad de
tantos hombres y mujeres que voluntariamente, y sin distinción de afiliación a
ningún partido político, credo o filantropía se han puesto en marcha,
capitaneados por toda una infraestructura monumental, y apoyados con la ayuda
del ejército, la marina, policía federal, Cruz Roja, Cáritas, por nombrar
algunas asociaciones o grupos del estado, acondicionando albergues, centros de
acopio, despensas, artículos de primera necesidad, alimentos, medicinas,
facilidades para volver a sus ciudades de origen…
Es
maravilloso ver toda esta cadena y campaña de solidaridad que unidos queremos
crear vínculos de ayuda, cercanía y buenos deseos en quienes más sufren estos
estragos desmedidos por la madre naturaleza. La adversidad no debe de ninguna
manera opacar nuestra tenacidad y confianza para seguir adelante. Pero no se
vale que se aprovechen de estas ocasiones el vandalismo, la rapiña y los que
adolecen del mínimo respeto de los bienes ajenos.
¡México,
creo en ti! Con nuestra oración y con nuestra sincera ayuda queremos
incrementar nuestra fraternal solidaridad en la reconstrucción de las zonas
afectadas y de ayudar de modo afectivo y efectivo a todos los mexicanos que
están sumidos en el dolor y desesperación.
Hoy
en comunión a nuestro pastor y obispo nos unimos en esta colecta por todos los
damnificados en las parroquias, iglesias y capillas. Sabiendo que sólo en el
compartir, en el donarnos, nuestra vida será fecunda y dará frutos. No tengamos
miedo a ser solidarios. Que este año de la FE nos haga acrecentar nuestra
confianza en Dios. ¡Hablemos claro!
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