domingo, 22 de septiembre de 2013

¡Ciclón humanitario!



Desde el año 1958 no entraban a nuestra tierra de México, dos tormentas con tan poco tiempo de llegada. El sábado por la tarde inició la tormenta tropical Manuel, convertida después en huracán y dos días más tarde, el huracán Ingrid. Ambos dejaron a su paso la terrible catástrofe de estragos en muchos estados de la república, donde el flagelo del agua buscó su salida y reclamó su lugar de origen y cauce.
Son incontables las cuantiosas y millonarias pérdidas en materiales, carreteras, casas, edificios, vehículos, almacenes, negocios y un largo etc, pero lo más lacerante, el hogar familiar, familias enteras y turistas que no sólo han perdido su patrimonio y útiles personales de poca o mucha importancia sino también a algún ser querido, o lo tienen desaparecido en este inimaginable flagelo o deslave. Y esto, no se recupera.
México esta viviendo y pasando una página de su historia en el mes de la patria de los más desolados e impotentes, es el inicio de toda una tragedia en nuestro país. Después vendrán las consecuencias que ininterrumpidamente aparecerán y harán más angustiosa la espera de tantas familias por reiniciar y rehacer su vida normal.
¡México, creo en ti! Este evento climático no ha paralizado la valiosa generosidad de tantos hombres y mujeres que voluntariamente, y sin distinción de afiliación a ningún partido político, credo o filantropía se han puesto en marcha, capitaneados por toda una infraestructura monumental, y apoyados con la ayuda del ejército, la marina, policía federal, Cruz Roja, Cáritas, por nombrar algunas asociaciones o grupos del estado, acondicionando albergues, centros de acopio, despensas, artículos de primera necesidad, alimentos, medicinas, facilidades para volver a sus ciudades de origen…
Es maravilloso ver toda esta cadena y campaña de solidaridad que unidos queremos crear vínculos de ayuda, cercanía y buenos deseos en quienes más sufren estos estragos desmedidos por la madre naturaleza. La adversidad no debe de ninguna manera opacar nuestra tenacidad y confianza para seguir adelante. Pero no se vale que se aprovechen de estas ocasiones el vandalismo, la rapiña y los que adolecen del mínimo respeto de los bienes ajenos.
¡México, creo en ti! Con nuestra oración y con nuestra sincera ayuda queremos incrementar nuestra fraternal solidaridad en la reconstrucción de las zonas afectadas y de ayudar de modo afectivo y efectivo a todos los mexicanos que están sumidos en el dolor y desesperación.
Hoy en comunión a nuestro pastor y obispo nos unimos en esta colecta por todos los damnificados en las parroquias, iglesias y capillas. Sabiendo que sólo en el compartir, en el donarnos, nuestra vida será fecunda y dará frutos. No tengamos miedo a ser solidarios. Que este año de la FE nos haga acrecentar nuestra confianza en Dios. ¡Hablemos claro!
                                         

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