Como tantas veces ocurre en nuestras vidas, la situación límite es ocasión de gracias para redescubrir el sentido religioso de la existencia, ayudada de la lectura de una biblia que les facilitan como sucedió con el arquitecto Bosco Gutiérrez, Ingrid Betancur y muchos otros.
Personas humanas que ontológicamente son esencialmente iguales; plagiarios, víctimas, implicados, a fin de cuentas de la misma especie y que olvidan la importancia de la vida. La valoran con cosas materiales, la comparan con dinero, la cuantifican cual prenda adquirible en un mercado. Un fenómeno que a pesar de los años, de los avances científicos, tecnológicos y culturales, pareciera ir en retroceso.
El
ser humano defiende lo subjetivo y lo objetivo, lo trascendental, ha
pasado a ser tela de juicio, ha caído en el plano del relativismo. La
vida misma vale según la perspectiva que cada individuo tenga sobre
ella. Los acontecimientos lamentables que la sociedad mexicana hemos
tenido que presenciar, que vivir y padecer, los casos de secuestros y de
asesinatos que a diario vemos en todos los medios, son sucesos tristes,
aberrantes, repulsivos que desencajan cualquier rostro, que arrancan
lágrimas hasta del más duro de corazón.
Pero a parte de ello, ver que
dichos hechos no se resuelven y que cuando concluyen, por lo general
terminan con desenlaces trágicos, desesperan hasta al más paciente.
La
impotencia, es aún más fuerte y se torna en coraje cuando vemos que una
madre es quien una vez más responde al grito silencioso y desesperado
de su hijo, al saber que nadie lo ayuda, que su vida es arrancada en
plenitud a causa de la mezquindad, de la avaricia, de la ira, del
resentimiento social, de la frialdad del mundo que lo vio nacer, una
vida arrebatada de los brazos de la madre que lo recibió en su seno
desde el minuto de su alumbramiento. Por ejemplo, Isabel Wallace, Marisela Escobedo y
más mamás anónimas que claman justicia, puesto que quien supuestamente
la tiene que procurar no la brinda.
Madres que hasta sus últimas fuerzas
quieren que se cumpla la ley. Se desgastan, se acaban emocionalmente,
se enfrentan a los verdugos de sus criaturas, se carean con quienes
dicen haber quemado, descuartizado a sus hijos, y enteras, fuertes cual
robles, aguantan semejantes atrocidades, porque nuestra justicia ¡NO
HACE NADA! Porque quienes trabajan para nosotros sólo se enriquecen, se apoderan y se burlan en nuestras caras.
Me
llena de indignación ver que madres como éstas tengan que haber padecido las
muertes de sus hijos, y más me enfurece ver que ellas tengan que luchar
por encontrar sus cuerpos ultrajados, por descubrir a los asesinos,
luchar por comprobar que fueron ellos y pelear porque los magistrados
inculpen a los evidentemente culpables.
México
está en llamas, y se consume minuto a minuto, pero no sólo se están
quemando su sistema de justicia y sus instituciones, sino que los
valores humanos se esfuman, la integridad y la dignidad humanas se
merman velozmente. El valor de la vida ha perdido precisamente su valor.
La vida ha dejado de valer y eso es preocupante.
Por eso decía al inicio que cuando se tiene una experiencia de Dios en esas circunstancias, la fe la oración y sobre todo el testimonio de apostolado con los mismos secuestradores tiene sentido y embellece el alma para poder ver la voluntad de Dios en esos momentos. Les dejo este video que les llenará y enriquecerá como lo hizo conmigo. Ella ofreció su vida por la conversión de sus secuestradores.
Que no dejemos en este año de la fe el rezo del rosario como nos ha invitado el Santo Padre: “con el Rosario, de hecho, nos dejamos guiar
por María, modelo de fe, en la meditación de los misterios de Cristo, y
día a día somos ayudados a asimilar el Evangelio, de tal manera que
pueda dar forma a toda nuestra vida”... Corre video
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