Al escoger el nombre de Benedicto XVI, el cardenal Joseph Ratzinger enlaza su pontificado con dos grandes evangelizadores, el Papa Benedicto XV, y san Benito (en latín y otros idiomas es el mismo nombre), fundador de los benedictinos. Patrón de Europa y gran evangelizador de su tiempo».
«Si Benito evangelizó la primera Edad Media, Benedicto XV evangelizó la Edad Moderna y el ahora Benedicto XVI es el evangelizador del nuevo milenio».
Benedicto XV, Giacomo Paolo Battista della Chiesa, cuyo pontificado tuvo lugar entre 1914-1922, sucedió a Pío X nada más comenzar la Primera Guerra Mundial.
En su encíclica programática, «Ad beatissimi apostolorum principis» (1914) lanzó un llamamiento por la paz e indagó en las causas de la guerra.
Uno de sus objetivos principales fue la formación y la santificación del clero.
Durante la guerra desarrolló una intensa actividad asistencial y promulgó el Código de Derecho Canónico.
En el campo ecuménico instauró en la Iglesia católica la octava de oración para la unidad de los cristianos, en 1916. Es suya la afirmación que «la Iglesia no es latina, ni griega, ni eslava, sino católica: no hay diferencia entre sus hijos, ya sean griegos, latinos o eslavos, o de otro grupo nacional».
A él se debe la canonización de dos mujeres como Margarita María Alacoque y Juana de Arco.
Murió repentinamente el 22 de enero de 1922. En un monumento dedicado a él en Constantinopla (Turquía) se dice que fue un padre común «sin distinción de nacionalidad o religión, bienhechor de pueblos».
Tomó su nombre del patrono de Europa, Benito de Nursia (480-547), autor de la «Regla» monástica y padre de los benedictinos.
Durante
su primera audiencia general, el 27 de abril de 2005, el Papa explicó
por qué escogió precisamente el nombre de Benedicto y qué significa para
él la vida de san Benito.
“He tomado el nombre de
Benedicto XVI en relación con el Papa Benedicto XV, un valiente y
auténtico profeta de paz ante el drama de la primera guerra mundial.
Como
él, deseo ponerme al servicio de la reconciliación y armonía entre los
hombres y los pueblos, porque el gran bien de la paz es sobre todo un
don de Dios, que hemos de defender y construir entre todos.
El
nombre Benedicto evoca, además, la extraordinaria figura de san Benito.
Él es un punto de referencia para la unidad de Europa y las
irrenunciables raíces cristianas de su cultura y civilización”.
Su lema: "Ora et labora" siempre será un compromiso para cada cristiano que no debe olvidar su deber espiritual y apostólico.
Su lema: "Ora et labora" siempre será un compromiso para cada cristiano que no debe olvidar su deber espiritual y apostólico.
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