viernes, 27 de julio de 2012

El deporte nos ayuda a seguir a Cristo. Juegos Olímpicos.


Hoy se inauguran los Juegos Olímpicos, en Londres. Y eso nos permitirá disfrutar viendo a nuestros atletas competir por una medalla, al tiempo que nos puede dar una buena lección como cristianos. 


En el 2010, Benedicto XVI dijo que el deporte es «una escuela para aprender y profundizar en los valores humanos y cristianos», es más, se trata de un verdadero gimnasio para ejercitarnos en muchas virtudes y hábitos como el sacrificio, la colaboración, las ganas de superarse, la humildad en la victoria, la sencillez en la derrota, espíritu de equipo, la alegría... En realidad, hay muchas similitudes entre la vida cristiana y el deporte. 


Imaginémonos, por ejemplo, un partido de fútbol: las reglas del juego están claras para todo el mundo, sea de la nación y el país que represente: todos saben que, para jugar un buen partido, lo imprescindible es que nadie se salte las reglas, no cometan faltas, salirse de las líneas de banda y de fondo, o tomar el balón con la mano...


Pero jugar fútbol es mucho más que respetar las normas como algo que fastidia: lo que hace que uno juegue bien y se divierta es que cada jugador ponga en el partido todas sus capacidades para construir con arte y estrategia las mejores jugadas, en otras palabras podemos decir que debe ser creativo, que sepa jugar en equipo, que haya entrenado, que se arriesgue a hacer genialidades, sin miedo a que le salgan mal, etc. 


Pues ser cristiano ¡es lo mismo! No sólo consiste en cumplir unas normas (que no nos quitan la libertad, sino que permiten vivir según el plan de Dios), sino en poner todos nuestros dones al servicio de Dios: ser creativos a la hora de ayudar a los demás, arriesgarnos a que otros no nos entiendan, entrenarnos en la oración, ser constantes en la humildad, ¡y aspirar a ser santos, porque la gracia de Dios es nuestra mayor ayuda! 


Sólo de esta manera podremos disfrutar el esfuerzo sincero que cada uno hace por conquistar la meta, en palabras de san Pablo diríamos: ¿No saben que en la carrera del estadio todos corren, más uno solo recibe el premio?” (1 Cor 9, 24).


Así pues, cada uno nos podemos esforzar, al mismo tiempo que disfrutamos al ver las diferentes disciplinas, comprometiéndonos en ser verdaderos deportistas de nuestra fe, llevando a todos lados el testimonio de nuestra vida por construir esos lazos de amor y entrega por los demás. Y que gane el mejor!!!

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