viernes, 6 de julio de 2012

Decálogo para vivir un verano con Cristo



1. Somos cristianos siempre y, por lo tanto, nuestra comunión con Cristo ha de ser consciente y constante. No escondemos ni guardamos la fe.

2. Este tiempo es propicio para no olvidar a Dios y ser rostros vivos de su presencia. Las prisas son enemigas de la caridad sin ruido.

3. Muchos de nuestros fracasos y deserciones se deben  a que no oramos con Cristo. La oración nos hace fuertes, nos clarifica, nos hace reflexionar y llevar a cabo la voluntad del Padre.

4. Cristo, Eucaristía es una necesidad que alimenta nuestra alma y nos fortalece en la debilidad. Visitémoslo frecuentemente.

5. Por lo general, en el verano vamos buscando el sol. El culto al cuerpo no puede estar por encima de la adoración a Dios. Él sí que es el único Sol de justicia. 

6. Un buen libro, con criterios cristianos, será garantía de un pensamiento recto, de una conciencia lúcida. ”Dime lo que lees y te diré cómo piensas”

7. La Creación la ha puesto Dios para nuestro deleite.  Respetemos el entorno donde descansamos y gocemos de tantas cosas buenas que el Señor pone a nuestro alcance.

8. La belleza, el arte, la familia, la música clásica…nos puede llevar al encuentro y al disfrute personal de Dios. La Sma. Virgen es una mano que nos empuja hacia el Señor.  ¡Disfruta de la huella que el hombre ha dejado través del arte y como fruto de su fe!

9. El silencio y la contemplación junto al mar. El caminar por las montañas como signo de nuestro esfuerzo por llegar al cielo. Nuestro descanso como antesala de lo que un día desea Dios para cada uno de nosotros… pueden ser reflexiones que nos ayuden a vivir este tiempo con sentido cristiano.

10. En el valle o en el mar, en la montaña o en una aldea, adentrados en el bosque o perdidos en un desierto. Frente a una catedral o por las calles de una gran ciudad, en la fiesta o en el antro, etc: no olvidemos que somos cristianos. No olvidemos que, Dios, va con nosotros.

Les deseo una felices vacaciones en familia y recemos por todos los que dedican este tiempo para hacer un discernimiento vocacional, en la espera de responder a la llamada de Cristo. 

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